Izan, Juanje y Silvia

Recuerdo el día que vi esta película: “donde viven los monstruos”. Recuerdo la sensación que me invadió mientras aquel pequeño descubría cada uno de los secretos de la isla. Como se ganaba a los seres de aquel lugar, y como lejos de asustarse por los prejuicios de un primer momento, aquel niño conoció lo que había detrás de esas aparentes horribles criaturas.

Y es que cuando vi a Izan, sentí algo parecido: recordé la infancia, ese placentero lugar que nunca deberíamos abandonar, recordé esos sentimientos que a todo ser humano nos han abordado durante esa época tan maravillosa de nuestras vidas. Como nos acercábamos a cualquier persona con la sana confianza y la insaciable curiosidad de conocer. Transparentes, puros. Con ganas de comprender todo, de conocerlo, de investigar, de jugar.

Es genial, volver atrás, volver a ser libre. Libre de pensamiento. Recuperar esos sueños imposibles, creer en ellos, como si no hubiera nada más, y dejar a la imaginación ser la dueña de todo nuestro pequeño universo

Gracias Izan por recordarme lo importante de la vida.